21 de septiembre de 2014

Puppeteer

Los juegos de plataformas han sido siempre aquellos con los que más se ha identificado el mundo de las videoconsolas. Teniendo en cuenta que el gran adalid del mundillo, el archiconocido Mario, protagoniza juegos de este tipo hace evidente que para el público existe una relación intrínseca entre jugar a un videojuego y que sea un plataformas. No obstante los últimos años de evolución gráfica y jugable ha hecho que el género esté de capa caída, quizás porque se relacionen con una trama menos densa de la que estamos acostumbrados ultimamente o por la mezcla de géneros que ha hecho que las plataformas sigan presentes pero como un elemento más dentro de una amalgama de otros tipos de juego. El juego que nos ocupa hoy, Puppeteer, da un golpe en la mesa y pone de manifiesto que todavía se puede crear un plataformas de calidad, entretenido, con buena duración y, sobre todo, con mucha magia.


Puppeteer es un juego de plataformas exclusivo de PlayStation 3 desarrollado por Japan Studio en el que nos convertiremos en un espectador de una obra de teatro de marionetas para ver, oir y sentir la historia de Kutaro, un niño de la Tierra secuestrado por el malvado Rey Oso Luna (lugar donde se desarrolla la trama) con el objetivo de quitarle su alma. El Rey Oso Luna es el malvado tirano que ha derrocado a la Diosa Luna para hacerse con el poder en el satélite terrestre y consume las almas de los desdichados infantes para convertirlos en marionetas a su servicio. Kutaro es uno de estos candidatos a sirvientes, que tiene la suerte de que, tras perder su cabeza y ser convertido en madera es recogido por una bruja y su anciano gato lunar que le enseñan a utilizar cabezas de marioneta de toda clase y condición que le otorgarán diversos poderes, así como las grandes protagonistas del juego, las tijeras Cálibrus, unas poderosas tijeras mágicas que constituyen el único arma capaz de derrotar al Oso y sus secuaces y liberar la Luna y a los niños.
Como vemos el argumento es totalmente fantástico, una suerte de cuento infantil con multitud de referencias
a la magia, al folklore y las leyendas. El juego está plagado de referencias a diferentes culturas (a veces a modo de estereotipo) y de notas de humor que aligeran el desarrollo. Hasta aquí todo parece un plataformas normal, dirigido a un público más o menos infantil que aunque disfrutable por un adulto puede echar para atrás a un jugador más maduro. Pues nada más lejos de la realidad. Puppeteer, tanto en su trama como en sus situaciones, diálogos y dificultad creciente, está mucho más cerca de juegos del corte de las Alicias de American McGee (aunque menos gore) que de un cuento al uso. En este sentido encontramos un profundo paralelismo entre el desarrollo de la trama y la verdadera naturaleza de los cuentos de los hermanos Grimm, que en sus versiones originales son mucho más macábros que las edulcoradas versiones que siempre llegan a los más pequeños. En este sentido Japan Studio no se ha cortado a la hora de introducir cortes de cabeza, mutilaciones de muñecos, historias de muerte y venganza, maldiciones y demás elementos más propios de una historia de terror que de un cuento infantil. Se nota aquí la mano de su creador, Gavin Moore, que ya estuvo detrás de títulos de corte terrorífico como Forbidden Siren 2 o Siren: Blood Curse. Pero todo está tan bien camuflado en ese envoltorio de magia y sueños que en un primer momento te da la impresión de que no puede ser algo tan fuerte. En este sentido me gustaría establecer un paralelismo con El Principito de Saint Exupery, una obra que puede ser tachada de infantil por su apariencia pero que es en realidad madura y muy cruda. Puppeteer consigue hacer lo que consiguió El Principito en su momento: si eres un niño solo verás un cuento de marionetas y osos de peluche mientras que si lo juegas siendo más adulto te quedarás con la boca abierta ante la violencia, la venganza y las atrocidades que se está llevando a cabo en la Luna.

No obstante todo esto solo está en un segundo plano, escondido tras una máscara de color, luces y toda la imaginería que trae consigo el teatro. En este caso el tema de recrear una función teatral esta perfectamente lograda, principalmente gracias al uso del humor y la rotura continua de la 4ª pared, ya que los personajes constantemente interactuan con su público, llegando a contar con una maestro de ceremonias que hace las veces de voz en off a la hora de introducir al jugador en cada uno de los 7 actos que componen la obra. En este sentido el juego consigue que pese a controlar en todo momento a Kutaro siempre seas consciente de que no eres más que un espectador más de la historia, incluso con guiños a que las marionetas no son más que actores que incluso piden al dueño del teatro más tiempo en la escena.

Como vemos la trama es sencilla pero con una vertiente atrayente al darle ese toque de madurez que hemos comentado. El segundo punto fuerte del juego, o quizás el primero ya que es lo que entra por los ojos, es el apartado artístico y visual. Puppeteer es un juego en 2D, con un scroll lateral tradicional pero con unos escenarios 3D con profundidad y diferentes niveles que crean un contraste maravilloso. A nivel visual volvemos a lo mismo que con la trama: su aspecto es totalmente infantil, con la más perfecta recreación de un teatrillo de marionetas que se ha visto hasta la fecha, pero lo que se representa con esa estética no es para nada tan infantil.  Se juega mucho con las 2D para dar un aspecto gráfico menos complejo y más aniñado, pero el juego es un verdadero portento a este nivel. Una de las cosas más atrayentes a nivel artístico es la enorme variedad de escenarios y visual es una constante permanente, cosa que se traslada también a los personajes, todos perfectamente caracterizados y muy diferentes entre si, dentro de un mismo estilo. De hecho el carisma que destila Kutaro gracias a su estética es un logro enorme ya que no dice ni una sola palabra en todo el juego. También cabe destacar el genial uso de las escalas que se hace durante todo el juego, contrastando constantemente el pequeño tamaño del niño y sus colaboradores en contras de los enormes y terribles secuaces del Rey Oso Luna, así como la monumentalidad de los escenarios, que como ya hemos dicho son tan variados que nos llevan desde una onírica representación japonesa, a un mundo gótico muy "burtoniano", pasando por el mundo de la lucha libre mexicana o el antiguo oeste. En cada uno de estos mundos encontraremos cabezas diferentes para Kutaro que se asocian a la zona en cuestión en apariencia y poderes (una carpa Koi, un revólver, un sombrero mariachi, un calabaza de Halloween...).

Se nota mucho la mano de Japan Studio a la hora de recrear el teatro, con muchísimas referencias al Bunraku, el teatro de marionetas tradicional japonés que se basa en el cambio veloz de escenarios de fondos simultaneamente al desarrollo de la acción, algo muy bien recreado en el juego gracias a la combinación de personajes 2D y escenarios 3D. La riqueza visual adquiere nuevas cotas con la introducción de elementos occidentales (ya hemos hablado de México o historias de piratas), que provocan un contraste cultural y de estilo. En este sentido Puppeteer posee una belleza visual única, un estilo tan personal y diferente que hará que el tiempo no pueda afectarle y se convierta en una auténtica obra de arte. La utilización de elementos del teatro para apoyar a la jugabilidad esta también muy bien implementada, con el uso de máquinas de humo, telones o focos ya sea para trepar con las tijeras o para localizar una cabeza que hayamos perdido en el fragor de la batalla. Cabe destacar que a nivel técnico la iluminación es en tiempo real y que sirve, y mucho para guiar la trama. Las animaciones de los personajes son también muy fluidas y personales, con unos movimientos que ayudan a facilitar las complicadas fases de salto y unas mecánicas bien pulidas que dan muchas posibilidades de juego (las tijeras combinadas con otros elementos del escenario hacen de la jugabilidad un reto y a la vez un deleite).

En este sentido hay que hacer un apunte y es que la dificultad del juego es muy superior a la que estamos acostumbrados en juegos de este corte. Si bien el juego se puede disfrutar entre dos jugadores haciendo algo más sencillo el avance (uno controla a Kutaro y el otro al personaje de apoyo que recolecta chispas, almas o cabezas y puede ayudar a eliminar obstáculos), el juego para un jugador se torna complicado debido a la necesidad de controlar con un solo mando a ambos personajes. No creaís que esta dificultad se debe a problemas de control o implementación del manejo de los dos jugadores. No, incluso jugando con un amigo el juego es bastante complicado, de manera creciente según nos enfrentamos a las últimas fases. El juego te da todas las herramientas para superar el reto, y todas funcionan de forma óptima, pero el reto está ahí, lo que hace del paso de actos una experiencie gratificante.

En cuanto a duración, nos encontramos ante una historia dividida en 7 actos, de 3 capítulos cada uno. Cada
capítulo puede durar entre media hora/una hora, por lo que el juego puede tener una duración media estimada en unas 15 horas, dependiendo de la habilidad del jugador en cuestión, más un buen sistema de extras y recompensas que te obligará a repetir todos los actos. En la duración, entroncando con el tema visual, hay que hacer mención a la importancia de las escenas cinemáticas, hechas con el motor del juego, que son largas pero fundamentales a la hora de entender la trama. De hecho encontramos extras a modo de cuentos que narran la intrahistoria y los antecedentes de la conquista de la Luna por el Rey Oso y dan otro punto de vista a la trama. Unas escenas que están acompañadas de una genial banda sonora compuesta por Patrick Doyle que refleja perfectamente el espíritu teatral y que da lugar a la representación de una enorme cantidad de emociones dispares, pasando del humor a la tensión, con momentos heróicos, tonadas piratas o números musicales a lo Disney (que en este caso son un ejercicio perfecto de ironía y crítica mordaz con un larguísimo número en el que tanto protagonistas como jugadores acaban hartos de tanta cancioncilla con rima). Mencionar también que, como siempre en los exclusivos de Sony, el juego cuenta con un fenómenal doblaje al castellano, no solo en la localización sino también en la entonación y registros de voces, con un casting que encaja a la perfección para los personajes.

Como ya dijo su creador, Gavin Moore, Puppeteer no es un plataformas al uso, constituye hoy en día una rareza y una experiencia única en el catálogo de consolas. Un plataformas con una jugablidad a prueba de bombas que queda en segundo plano ante el fenomenal espectáculo visual y artístico al que nos vemos sometidos en cada segundo del juego. Es un juego complejo, vasto, con multitud de reminiscencias y guiños a la época dorada de las 2D pero mezcladas con los estilos y guías de, por ejemplo, Media Molecule y su Little Big Planet, aunque más preciso y con un cooperativo más pulido. Todo ello metido dentro de un teatro de marionetas japonés y occidental al mismo tiempo y con una trama que puede dejarte en estado de shock si tienes la madurez suficiente para disfrutarla más allá de los fuegos de artificio que intentan meterte por los ojos. En definitiva una auténtica OBRA MAESTRA, con mayúsculas obligatorias, que ningún jugador que ame todos los aspectos de este mundillo debería perderse.

Lo mejor: El apartado visual, de diseño artístico y sonoro. La trama y sus connotaciones. La variedad de escenarios y personajes. La duración y el sistema de extras. El doblaje al castellano. El cooperativo. La dificultad.
Lo peor: Practicamente ninguno. Por decir uno, la duración de algunas escenas puee resultar densas para cierto tipo de personas.

Puntuación:
Historia: 9
Gráficos:10
Jugabilidad: 9
Sonido: 10
NOTA MEDIA: 9,5


Rubén Betta


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes dejar aquí tu opinión sobre este artículo. Gracias.